
La droga emocional detrás de cada like
La droga emocional detrás de cada like
La droga emocional detrás de cada like
Descubrir por qué buscamos aprobación no es debilidad: es volver a entender cómo funciona tu mente. Las redes no solo cambiaron tu atención, cambiaron tu química.
Descubrir por qué buscamos aprobación no es debilidad: es volver a entender cómo funciona tu mente. Las redes no solo cambiaron tu atención, cambiaron tu química.
Descubrir por qué buscamos aprobación no es debilidad: es volver a entender cómo funciona tu mente. Las redes no solo cambiaron tu atención, cambiaron tu química.
22 de noviembre de 2025
22 de noviembre de 2025
22 de noviembre de 2025



Por qué nos engancha tanto.
Vivimos en una cultura que premia lo inmediato: notificaciones, reacciones instantáneas, respuestas sin pausa. Dentro de ese ritmo, cada “like” funciona como una pequeña descarga emocional, un recordatorio rápido de que existes para los demás.
Esa sensación es real.
Cada “me gusta” libera una dosis de dopamina, el neurotransmisor del placer y la anticipación. Y la dopamina tiene un defecto: no distingue entre lo que te nutre y lo que te anestesia. Solo quiere más.
Así, vuelves a mirar el móvil sin darte cuenta.
No por necesidad, sino por costumbre.
Por ese instante de validación que calma… y al mismo tiempo crea vacío.
Las redes nunca fueron inocentes.
Fueron diseñadas para que vuelvas.
Y nuestra mente, sin entrenamiento, cae una y otra vez.
La validación no es conexión.
Recibir atención no es lo mismo que recibir amor.
Pero tu sistema nervioso, en piloto automático, puede confundirlo.
La validación digital alimenta un mecanismo ancestral: sentirte visto para sentirte seguro.
Pero el problema es que dura segundos.
Y cuando desaparece la notificación, aparece la duda:
“¿Y ahora qué?”
“¿Por qué ya no reaccionan?”
“¿Qué falta en mí?”
La ausencia de respuesta se convierte en amenaza.
El silencio, en juicio.
Y tu valor empieza a oscilar según un algoritmo que no sabe nada de ti.
“Tu valor no está en los números, sino en tu voz.”
El espejo que distorsiona tu valor.
Aquí ocurre lo más peligroso:
cuando tu identidad depende del reflejo digital, se fragmenta tu autopercepción.
Las redes recompensan contenido que impacta, no contenido que refleja quién eres.
Y sin darte cuenta, te ajustas.
Te editas.
Te moldeas para encajar en el molde que funciona.
Poco a poco, dejas de expresarte.
Empiezas a representarte.
Y esa distancia, aunque pequeña, se siente.
Aparece una incomodidad que no se explica con palabras, un cansancio emocional que surge cuando vives más para ser visto que para ser tú.
El riesgo no es perder tiempo.
Es perder autenticidad.
“A veces buscas likes para no admitir que lo que realmente buscas es sentirte suficiente.”
Volver a ti.
La salida no está en apagar las redes.
Está en cambiar desde dónde las usas.
Antes de publicar, detente un instante.
Respira.
Pregúntate:
“¿Haría esto igual si nadie pudiera verlo?”
Si la respuesta es sí, estás alineado.
Si la respuesta es no, no te juzgues: obsérvalo.
Es solo un recordatorio de que tu valor no depende de espectadores.
La identidad sólida nace en la calma, no en la exposición.
En el silencio, no en el ruido.
En la honestidad contigo, no en la cantidad de reacciones.
El algoritmo no te conoce.
Tú sí.
Por qué nos engancha tanto.
Vivimos en una cultura que premia lo inmediato: notificaciones, reacciones instantáneas, respuestas sin pausa. Dentro de ese ritmo, cada “like” funciona como una pequeña descarga emocional, un recordatorio rápido de que existes para los demás.
Esa sensación es real.
Cada “me gusta” libera una dosis de dopamina, el neurotransmisor del placer y la anticipación. Y la dopamina tiene un defecto: no distingue entre lo que te nutre y lo que te anestesia. Solo quiere más.
Así, vuelves a mirar el móvil sin darte cuenta.
No por necesidad, sino por costumbre.
Por ese instante de validación que calma… y al mismo tiempo crea vacío.
Las redes nunca fueron inocentes.
Fueron diseñadas para que vuelvas.
Y nuestra mente, sin entrenamiento, cae una y otra vez.
La validación no es conexión.
Recibir atención no es lo mismo que recibir amor.
Pero tu sistema nervioso, en piloto automático, puede confundirlo.
La validación digital alimenta un mecanismo ancestral: sentirte visto para sentirte seguro.
Pero el problema es que dura segundos.
Y cuando desaparece la notificación, aparece la duda:
“¿Y ahora qué?”
“¿Por qué ya no reaccionan?”
“¿Qué falta en mí?”
La ausencia de respuesta se convierte en amenaza.
El silencio, en juicio.
Y tu valor empieza a oscilar según un algoritmo que no sabe nada de ti.
“Tu valor no está en los números, sino en tu voz.”
El espejo que distorsiona tu valor.
Aquí ocurre lo más peligroso:
cuando tu identidad depende del reflejo digital, se fragmenta tu autopercepción.
Las redes recompensan contenido que impacta, no contenido que refleja quién eres.
Y sin darte cuenta, te ajustas.
Te editas.
Te moldeas para encajar en el molde que funciona.
Poco a poco, dejas de expresarte.
Empiezas a representarte.
Y esa distancia, aunque pequeña, se siente.
Aparece una incomodidad que no se explica con palabras, un cansancio emocional que surge cuando vives más para ser visto que para ser tú.
El riesgo no es perder tiempo.
Es perder autenticidad.
“A veces buscas likes para no admitir que lo que realmente buscas es sentirte suficiente.”
Volver a ti.
La salida no está en apagar las redes.
Está en cambiar desde dónde las usas.
Antes de publicar, detente un instante.
Respira.
Pregúntate:
“¿Haría esto igual si nadie pudiera verlo?”
Si la respuesta es sí, estás alineado.
Si la respuesta es no, no te juzgues: obsérvalo.
Es solo un recordatorio de que tu valor no depende de espectadores.
La identidad sólida nace en la calma, no en la exposición.
En el silencio, no en el ruido.
En la honestidad contigo, no en la cantidad de reacciones.
El algoritmo no te conoce.
Tú sí.
Por qué nos engancha tanto.
Vivimos en una cultura que premia lo inmediato: notificaciones, reacciones instantáneas, respuestas sin pausa. Dentro de ese ritmo, cada “like” funciona como una pequeña descarga emocional, un recordatorio rápido de que existes para los demás.
Esa sensación es real.
Cada “me gusta” libera una dosis de dopamina, el neurotransmisor del placer y la anticipación. Y la dopamina tiene un defecto: no distingue entre lo que te nutre y lo que te anestesia. Solo quiere más.
Así, vuelves a mirar el móvil sin darte cuenta.
No por necesidad, sino por costumbre.
Por ese instante de validación que calma… y al mismo tiempo crea vacío.
Las redes nunca fueron inocentes.
Fueron diseñadas para que vuelvas.
Y nuestra mente, sin entrenamiento, cae una y otra vez.
La validación no es conexión.
Recibir atención no es lo mismo que recibir amor.
Pero tu sistema nervioso, en piloto automático, puede confundirlo.
La validación digital alimenta un mecanismo ancestral: sentirte visto para sentirte seguro.
Pero el problema es que dura segundos.
Y cuando desaparece la notificación, aparece la duda:
“¿Y ahora qué?”
“¿Por qué ya no reaccionan?”
“¿Qué falta en mí?”
La ausencia de respuesta se convierte en amenaza.
El silencio, en juicio.
Y tu valor empieza a oscilar según un algoritmo que no sabe nada de ti.
“Tu valor no está en los números, sino en tu voz.”
El espejo que distorsiona tu valor.
Aquí ocurre lo más peligroso:
cuando tu identidad depende del reflejo digital, se fragmenta tu autopercepción.
Las redes recompensan contenido que impacta, no contenido que refleja quién eres.
Y sin darte cuenta, te ajustas.
Te editas.
Te moldeas para encajar en el molde que funciona.
Poco a poco, dejas de expresarte.
Empiezas a representarte.
Y esa distancia, aunque pequeña, se siente.
Aparece una incomodidad que no se explica con palabras, un cansancio emocional que surge cuando vives más para ser visto que para ser tú.
El riesgo no es perder tiempo.
Es perder autenticidad.
“A veces buscas likes para no admitir que lo que realmente buscas es sentirte suficiente.”
Volver a ti.
La salida no está en apagar las redes.
Está en cambiar desde dónde las usas.
Antes de publicar, detente un instante.
Respira.
Pregúntate:
“¿Haría esto igual si nadie pudiera verlo?”
Si la respuesta es sí, estás alineado.
Si la respuesta es no, no te juzgues: obsérvalo.
Es solo un recordatorio de que tu valor no depende de espectadores.
La identidad sólida nace en la calma, no en la exposición.
En el silencio, no en el ruido.
En la honestidad contigo, no en la cantidad de reacciones.
El algoritmo no te conoce.
Tú sí.
— Ángel Borondo.
— Ángel Borondo.
— Ángel Borondo.
reflexiones
reflexiones
reflexiones
Ideas para volver a ti.
Ideas para volver a ti.
Ideas para volver a ti.
Reflexiones que no buscan entretenerte, sino devolverte claridad, presencia y verdad en medio del ruido.
Reflexiones que no buscan entretenerte, sino devolverte claridad, presencia y verdad en medio del ruido.
Reflexiones que no buscan entretenerte, sino devolverte claridad, presencia y verdad en medio del ruido.
Preguntas que pueden cruzarte por la cabeza.
Si algo no te queda claro, tranquilo. No estás solo en esto. Aquí van respuestas a lo más común, sin rodeos.
¿No encontraste lo que buscabas? Escríbeme y te responderé con calma, claridad y sin respuestas prefabricadas.
¿Hace falta tener todo claro para empezar?
Para nada. Esto es justo para quienes están buscando respuestas, no para quienes ya las tienen.
¿Hace falta tener todo claro para empezar?
Para nada. Esto es justo para quienes están buscando respuestas, no para quienes ya las tienen.
¿Qué pasa después de suscribirme?
¿Qué pasa después de suscribirme?
Te llegará un mensaje cada mañana a las 07:33. Breve, claro, sin promesas vacías. Solo una idea para reconectar contigo.
¿Esto es solo para gente del mundo de la moda?
¿Esto es solo para gente del mundo de la moda?
No. Esto es para cualquier persona que quiera dejar de actuar y empezar a habitarse.
¿Hay algún coste?
¿Hay algún coste?
El newsletter es gratuito. Algunos contenidos o eventos pueden tener un precio, pero siempre lo sabrás de antemano.
¿Y si me canso de los correos?
¿Y si me canso de los correos?
Ningún drama. Puedes darte de baja con un solo clic. Sin culpa, sin insistencias.
¿Puedo escribirte si quiero compartir algo?
¿Puedo escribirte si quiero compartir algo?
Claro. Cada mensaje puede ser el inicio de una conversación. No hay bots, hay personas.
Preguntas que pueden cruzarte por la cabeza.
Si algo no te queda claro, tranquilo. No estás solo en esto. Aquí van respuestas a lo más común, sin rodeos.
¿Hace falta tener todo claro para empezar?
Para nada. Esto es justo para quienes están buscando respuestas, no para quienes ya las tienen.
¿Hace falta tener todo claro para empezar?
Para nada. Esto es justo para quienes están buscando respuestas, no para quienes ya las tienen.
¿Qué pasa después de suscribirme?
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Te llegará un mensaje cada mañana a las 07:33. Breve, claro, sin promesas vacías. Solo una idea para reconectar contigo.
¿Esto es solo para gente del mundo de la moda?
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No. Esto es para cualquier persona que quiera dejar de actuar y empezar a habitarse.
¿Hay algún coste?
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¿Y si me canso de los correos?
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Ningún drama. Puedes darte de baja con un solo clic. Sin culpa, sin insistencias.
¿Puedo escribirte si quiero compartir algo?
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Claro. Cada mensaje puede ser el inicio de una conversación. No hay bots, hay personas.
¿No encontraste lo que buscabas? Escríbeme y te responderé con calma, claridad y sin respuestas prefabricadas.
Preguntas que pueden cruzarte por la cabeza.
Si algo no te queda claro, tranquilo. No estás solo en esto. Aquí van respuestas a lo más común, sin rodeos.
¿No encontraste lo que buscabas? Escríbeme y te responderé con calma, claridad y sin respuestas prefabricadas.
¿Hace falta tener todo claro para empezar?
Para nada. Esto es justo para quienes están buscando respuestas, no para quienes ya las tienen.
¿Hace falta tener todo claro para empezar?
Para nada. Esto es justo para quienes están buscando respuestas, no para quienes ya las tienen.
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Te llegará un mensaje cada mañana a las 07:33. Breve, claro, sin promesas vacías. Solo una idea para reconectar contigo.
¿Esto es solo para gente del mundo de la moda?
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No. Esto es para cualquier persona que quiera dejar de actuar y empezar a habitarse.
¿Hay algún coste?
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¿Y si me canso de los correos?
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Claro. Cada mensaje puede ser el inicio de una conversación. No hay bots, hay personas.

