
La droga invisible que todos consumimos
La droga invisible que todos consumimos
La droga invisible que todos consumimos
No está en una sustancia, sino en el estímulo constante que evita que te escuches.
No está en una sustancia, sino en el estímulo constante que evita que te escuches.
No está en una sustancia, sino en el estímulo constante que evita que te escuches.
22 de noviembre de 2025.
22 de noviembre de 2025.
22 de noviembre de 2025.



Lo que parece normal pero nos adormece.
Vivimos rodeados de pequeñas distracciones: notificaciones, pantallas, mensajes, vídeos, voces, estímulos que llegan sin parar.
El problema no es cada uno por separado.
El problema es la acumulación.
Tu mente nunca descansa.
Tu atención nunca aterriza.
Tu sistema nervioso no encuentra un punto de silencio.
Y, sin darnos cuenta, hemos convertido la sobreestimulación en una droga cotidiana.
Una droga invisible.
Una droga aceptada.
Una droga que todos consumimos sin cuestionarla.
No buscamos entretenimiento:
buscamos evitar sentir.
Cuando no puedes parar.
Tal vez lo has notado:
te sientas un momento y ya estás desbloqueando el móvil.
Caminas por la calle y necesitas música.
Tienes un hueco de tres minutos y buscas cualquier cosa que llenar.
No es casualidad.
El cerebro se habitúa rápido a la gratificación inmediata.
Y cuanto más estímulo recibe, más lo exige.
El silencio empieza a incomodarte.
La pausa te pone nervioso.
La quietud se siente como vacío.
Pero no es vacío.
Es la parte de ti que lleva demasiado tiempo sin ser escuchada.
“El ruido no te acompaña: te anestesia.”
El coste de vivir distraído.
La droga invisible no te destruye de golpe.
Te desgasta poco a poco.
Te roba presencia.
Te roba claridad.
Te roba capacidad de sentir lo que realmente pasa dentro.
Cuando todo es estímulo, nada es profundo.
Cuando todo es urgente, nada es importante.
Cuando todo es ruido, tu verdad se ahoga.
Empiezas a vivir reaccionando.
Saltando entre tareas, mensajes, emociones ajenas.
Sin espacio para preguntarte:
“¿Esto lo quiero yo
o solo lo consumo porque está delante?”
Sin darte cuenta, estás viviendo en modo automático.
Sin consciencia.
Sin dirección.
Sin ti.
Cómo romper el ciclo.
La salida no es radical: no necesitas desaparecer del mundo.
Solo necesitas reaparecer en tu interior.
Empieza con algo pequeño:
un minuto al día sin ningún estímulo.
Sin móvil.
Sin música.
Sin pantallas.
Respira.
Observa.
Permite que el silencio te hable.
Ese minuto es un recordatorio.
Un ancla en mitad del ruido.
Una forma de volver a ti.
Con el tiempo, descubrirás algo que casi nadie quiere admitir:
la vida sin estímulos constantes no es aburrida,
es liberadora.
La presencia no es una técnica.
Es volver al lugar del que nunca deberías haberte ido:
tu atención.
Lo que parece normal pero nos adormece.
Vivimos rodeados de pequeñas distracciones: notificaciones, pantallas, mensajes, vídeos, voces, estímulos que llegan sin parar.
El problema no es cada uno por separado.
El problema es la acumulación.
Tu mente nunca descansa.
Tu atención nunca aterriza.
Tu sistema nervioso no encuentra un punto de silencio.
Y, sin darnos cuenta, hemos convertido la sobreestimulación en una droga cotidiana.
Una droga invisible.
Una droga aceptada.
Una droga que todos consumimos sin cuestionarla.
No buscamos entretenimiento:
buscamos evitar sentir.
Cuando no puedes parar.
Tal vez lo has notado:
te sientas un momento y ya estás desbloqueando el móvil.
Caminas por la calle y necesitas música.
Tienes un hueco de tres minutos y buscas cualquier cosa que llenar.
No es casualidad.
El cerebro se habitúa rápido a la gratificación inmediata.
Y cuanto más estímulo recibe, más lo exige.
El silencio empieza a incomodarte.
La pausa te pone nervioso.
La quietud se siente como vacío.
Pero no es vacío.
Es la parte de ti que lleva demasiado tiempo sin ser escuchada.
“El ruido no te acompaña: te anestesia.”
El coste de vivir distraído.
La droga invisible no te destruye de golpe.
Te desgasta poco a poco.
Te roba presencia.
Te roba claridad.
Te roba capacidad de sentir lo que realmente pasa dentro.
Cuando todo es estímulo, nada es profundo.
Cuando todo es urgente, nada es importante.
Cuando todo es ruido, tu verdad se ahoga.
Empiezas a vivir reaccionando.
Saltando entre tareas, mensajes, emociones ajenas.
Sin espacio para preguntarte:
“¿Esto lo quiero yo
o solo lo consumo porque está delante?”
Sin darte cuenta, estás viviendo en modo automático.
Sin consciencia.
Sin dirección.
Sin ti.
Cómo romper el ciclo.
La salida no es radical: no necesitas desaparecer del mundo.
Solo necesitas reaparecer en tu interior.
Empieza con algo pequeño:
un minuto al día sin ningún estímulo.
Sin móvil.
Sin música.
Sin pantallas.
Respira.
Observa.
Permite que el silencio te hable.
Ese minuto es un recordatorio.
Un ancla en mitad del ruido.
Una forma de volver a ti.
Con el tiempo, descubrirás algo que casi nadie quiere admitir:
la vida sin estímulos constantes no es aburrida,
es liberadora.
La presencia no es una técnica.
Es volver al lugar del que nunca deberías haberte ido:
tu atención.
Lo que parece normal pero nos adormece.
Vivimos rodeados de pequeñas distracciones: notificaciones, pantallas, mensajes, vídeos, voces, estímulos que llegan sin parar.
El problema no es cada uno por separado.
El problema es la acumulación.
Tu mente nunca descansa.
Tu atención nunca aterriza.
Tu sistema nervioso no encuentra un punto de silencio.
Y, sin darnos cuenta, hemos convertido la sobreestimulación en una droga cotidiana.
Una droga invisible.
Una droga aceptada.
Una droga que todos consumimos sin cuestionarla.
No buscamos entretenimiento:
buscamos evitar sentir.
Cuando no puedes parar.
Tal vez lo has notado:
te sientas un momento y ya estás desbloqueando el móvil.
Caminas por la calle y necesitas música.
Tienes un hueco de tres minutos y buscas cualquier cosa que llenar.
No es casualidad.
El cerebro se habitúa rápido a la gratificación inmediata.
Y cuanto más estímulo recibe, más lo exige.
El silencio empieza a incomodarte.
La pausa te pone nervioso.
La quietud se siente como vacío.
Pero no es vacío.
Es la parte de ti que lleva demasiado tiempo sin ser escuchada.
“El ruido no te acompaña: te anestesia.”
El coste de vivir distraído.
La droga invisible no te destruye de golpe.
Te desgasta poco a poco.
Te roba presencia.
Te roba claridad.
Te roba capacidad de sentir lo que realmente pasa dentro.
Cuando todo es estímulo, nada es profundo.
Cuando todo es urgente, nada es importante.
Cuando todo es ruido, tu verdad se ahoga.
Empiezas a vivir reaccionando.
Saltando entre tareas, mensajes, emociones ajenas.
Sin espacio para preguntarte:
“¿Esto lo quiero yo
o solo lo consumo porque está delante?”
Sin darte cuenta, estás viviendo en modo automático.
Sin consciencia.
Sin dirección.
Sin ti.
Cómo romper el ciclo.
La salida no es radical: no necesitas desaparecer del mundo.
Solo necesitas reaparecer en tu interior.
Empieza con algo pequeño:
un minuto al día sin ningún estímulo.
Sin móvil.
Sin música.
Sin pantallas.
Respira.
Observa.
Permite que el silencio te hable.
Ese minuto es un recordatorio.
Un ancla en mitad del ruido.
Una forma de volver a ti.
Con el tiempo, descubrirás algo que casi nadie quiere admitir:
la vida sin estímulos constantes no es aburrida,
es liberadora.
La presencia no es una técnica.
Es volver al lugar del que nunca deberías haberte ido:
tu atención.
— Ángel Borondo.
— Ángel Borondo.
— Ángel Borondo.
reflexiones
reflexiones
reflexiones
Ideas para volver a ti.
Ideas para volver a ti.
Ideas para volver a ti.
Reflexiones que no buscan entretenerte, sino devolverte claridad, presencia y verdad en medio del ruido.
Reflexiones que no buscan entretenerte, sino devolverte claridad, presencia y verdad en medio del ruido.
Reflexiones que no buscan entretenerte, sino devolverte claridad, presencia y verdad en medio del ruido.
Preguntas que pueden cruzarte por la cabeza.
Si algo no te queda claro, tranquilo. No estás solo en esto. Aquí van respuestas a lo más común, sin rodeos.
¿No encontraste lo que buscabas? Escríbeme y te responderé con calma, claridad y sin respuestas prefabricadas.
¿Hace falta tener todo claro para empezar?
Para nada. Esto es justo para quienes están buscando respuestas, no para quienes ya las tienen.
¿Hace falta tener todo claro para empezar?
Para nada. Esto es justo para quienes están buscando respuestas, no para quienes ya las tienen.
¿Qué pasa después de suscribirme?
¿Qué pasa después de suscribirme?
Te llegará un mensaje cada mañana a las 07:33. Breve, claro, sin promesas vacías. Solo una idea para reconectar contigo.
¿Esto es solo para gente del mundo de la moda?
¿Esto es solo para gente del mundo de la moda?
No. Esto es para cualquier persona que quiera dejar de actuar y empezar a habitarse.
¿Hay algún coste?
¿Hay algún coste?
El newsletter es gratuito. Algunos contenidos o eventos pueden tener un precio, pero siempre lo sabrás de antemano.
¿Y si me canso de los correos?
¿Y si me canso de los correos?
Ningún drama. Puedes darte de baja con un solo clic. Sin culpa, sin insistencias.
¿Puedo escribirte si quiero compartir algo?
¿Puedo escribirte si quiero compartir algo?
Claro. Cada mensaje puede ser el inicio de una conversación. No hay bots, hay personas.
Preguntas que pueden cruzarte por la cabeza.
Si algo no te queda claro, tranquilo. No estás solo en esto. Aquí van respuestas a lo más común, sin rodeos.
¿Hace falta tener todo claro para empezar?
Para nada. Esto es justo para quienes están buscando respuestas, no para quienes ya las tienen.
¿Hace falta tener todo claro para empezar?
Para nada. Esto es justo para quienes están buscando respuestas, no para quienes ya las tienen.
¿Qué pasa después de suscribirme?
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Te llegará un mensaje cada mañana a las 07:33. Breve, claro, sin promesas vacías. Solo una idea para reconectar contigo.
¿Esto es solo para gente del mundo de la moda?
¿Esto es solo para gente del mundo de la moda?
No. Esto es para cualquier persona que quiera dejar de actuar y empezar a habitarse.
¿Hay algún coste?
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Ningún drama. Puedes darte de baja con un solo clic. Sin culpa, sin insistencias.
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Claro. Cada mensaje puede ser el inicio de una conversación. No hay bots, hay personas.
¿No encontraste lo que buscabas? Escríbeme y te responderé con calma, claridad y sin respuestas prefabricadas.
Preguntas que pueden cruzarte por la cabeza.
Si algo no te queda claro, tranquilo. No estás solo en esto. Aquí van respuestas a lo más común, sin rodeos.
¿No encontraste lo que buscabas? Escríbeme y te responderé con calma, claridad y sin respuestas prefabricadas.
¿Hace falta tener todo claro para empezar?
Para nada. Esto es justo para quienes están buscando respuestas, no para quienes ya las tienen.
¿Hace falta tener todo claro para empezar?
Para nada. Esto es justo para quienes están buscando respuestas, no para quienes ya las tienen.
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¿Esto es solo para gente del mundo de la moda?
¿Esto es solo para gente del mundo de la moda?
No. Esto es para cualquier persona que quiera dejar de actuar y empezar a habitarse.
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Claro. Cada mensaje puede ser el inicio de una conversación. No hay bots, hay personas.

